Las primeras rosas damascenas fueron traídas a Tracia por los soldados de Alejandro Magno que vuelven de las guarniciones de Macedonia. La crónica belga menciona que en 1210 las cruzadas vieron áreas grandes, plantadas con rosas, cerca de Edirne. Sin embargo, no está de todo claro si no fueron las mismas cruzadas las que llevaron las rosas a esta región. Hajji Khalifa, un geógrafo y viajero turco, escribe sobre las rosaledas/jardines de rosas que vio cerca de Edirne en 1652. Antes de la conquista de Constantinopla en 1453, Edirne fue la primera capital del imperio turco y, también, el mayor centro de comercio de la zona. El embajador de Francia en Edirne, escribió en 1849 que el aceite de rosas se produjo en los alrededores de Edirne, más precisamente, en Kazanlak, Stara Zagora, Karlovo, Kalofer y Plovdiv. Se supone que los cronistas que escribieron acerca de Edirne, a menudo tuvieran en mente el Valle de las Rosas también. Las rosas, a las que se refería el francés, fueron traídas de la región de la ciudad de Kachán, en Persia, por Siria y Damasco.

Administrativamente, Kazanlak pertenecía a la zona de Edirne y se encontraba, por tanto, bajo la supervisión de su jardinero jefe. El suelo y el clima en la región de Kazanlak resultaron muy adecuados para la rosa, por lo que la plantación se mantuvo allí, mientras que en los alrededores de Edirne disminuyó y desapareció con el tiempo. Revisando en detalle todo lo escrito sobre el origen del aceite de rosa, el historiador Venelin Topalov llega a la conclusión que el cultivo de rosas fue introducido en Kazanlak, ciudad que fue fundada en 1420, por los turcos. Las rosas fueron supuestamente traídas a esta ciudad desde Túnez, por un juez turco.

Las legendas del área de Kazanlak cuentan que el juez tenía enormes y preciosos jardines, llenos de rosas. En 1593, el Sultán Murad III ordenó al juez, a través de su jardinero jefe, que aprovechara de mejor manera las tierras y que cultivase rosas para satisfacer las necesidades de su palacio.

Las condiciones climáticas de Kazanlak demostraron ser más favorables para el cultivo de la rosa que en su país de origen. Esto es especialmente válido con respecto a las lluvias. La humedad del aire, la nubosidad y las precipitaciones en mayo y junio contribuyeron a que las rosas tuvieran un altísimo porcentaje de rendimiento, con la consiguiente extracción de un aceite de calidad superior. Este aceite contiene menos estearopteno que el producido en la región de Kachán. Gradualmente, para el proceso de siembra de rosas fue desarrollada una tecnología original de Bulgaria, que luego se adoptó como práctica general. Se llamaba kesme. Además de ser menos intensiva en mano de obra,  las rosas que se obtenían a través de esta práctica eran de un factor de propagación muy superior, aproximadamente 1:3. La principal ventaja, sin embargo, fue que el carácter original de la rosa y la calidad del aceite se conservaban año tras año. La rosa se estabilizó como plantación y, en las condiciones locales, se desarrolló en su totalidad. Ningún otro método de cultivo ha sido capaz de preservar el carácter de la rosa casi intacto durante más de tres siglos. Este hecho explica por qué no hubo intentos de cultivar otras variedades de rosas en el Valle de las Rosas. La tecnología era tan buena que los rosales se exportaron incluso a Rusia y los imperios turcos de la época.